ESTADOS UNIDOS - Promesas incumplidas, mentiras y amenazas
(04/03/03)
El gobierno de Bush ha perdido credibilidad por el constante incumplimiento de sus promesas y por las declaraciones infundadas o mentirosas, como las pruebas contra Irak.
Parece ser que Turquía, en realidad, no estaba regateando el precio. Simplemente no aceptaba que le pagaran con cheque o tarjeta de crédito. A pesar de haber participado en la coalición ganadora, fue uno de los países más perjudicados con la Guerra del Golfo I. Por su territorio pasaba hasta entonces gran parte del comercio hacia Irak y ese país era uno de sus principales socios comerciales. A cambio de apoyar una invasión a Irak, Turquía quería ahora —y obtuvo— una ayuda inmediata en efectivo en lugar de simples promesas. Uno podría pensar que la administración Bush tiene un problema de credibilidad.
Y lo tiene. Lo gracioso es que este gobierno le da mucha importancia a la credibilidad. Mientras van y vienen las justificaciones para invadir Irak —Saddam está desarrollando armas nucleares; no, pero está vinculado a Osama; no, pero es muy malo— las razones para la guerra cada vez se basan más en la credibilidad. Como ven, dicen los halcones, ya alistamos a nuestros soldados, así que tenemos que atacar o el mundo no nos va a tomar en serio.
Pero la credibilidad no sólo tiene que ver con castigar a la gente que nos obstruye el camino. También tiene que ver con cumplir promesas y decir la verdad. Y ésas son áreas en las que la administración Bush tiene problemas.
Consideremos el hecho asombroso de que Vicente Fox, el presidente de México, parece no estar dispuesto a emitir su voto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a favor de Estados Unidos. Dados los estrechos vínculos económicos de México con Estados Unidos, y la relación alguna vez personal de Fox con Bush, México debería haberse puesto casi automáticamente de parte de Estados Unidos. Pero el presidente mexicano se siente traicionado. Tomó la decisión, riesgosa desde un punto de vista político, de alinearse con George W. Bush —un espaldarazo para los republicanos en su esfuerzo por seducir a los votantes latinos— a cambio de una promesa de reformas que legalizarían la situación de los inmigrantes indocumentados. La administración Bush nunca hizo nada para implementar estas reformas y Fox no está de humor como para hacerle más favores a la Casa Blanca.
Fox no es el único. En realidad, los únicos que no se han sentido traicionados son los lobistas de derecha y del sector empresario. Los representantes electos de Nueva York se pusieron de su parte pocos días después del 11 de setiembre, a cambio de una promesa de ayuda generosa.
Pocos meses después, cuando empezaban a cuestionar el compromiso de la administración, el director de presupuesto, Mitch Daniels, los acusó de codiciosos. Los bomberos y los policías aplaudieron la promesa de Bush, hace más de un año, de 3.500 millones de dólares a cambio de su pronta ayuda; hasta ahora, no recibieron ni un centavo.
Hoy, cuando Bush hace una promesa —como su nuevo programa para combatir el sida en Africa— los bushologistas experimentados dicen: "De acuerdo, ésa es la carnada, ¿dónde está el látigo"? (Respuesta: gran parte del dinero será derivado de otros programas de ayuda, como el de control de la malaria).
Después está el tema de la honestidad. La mendacidad de Bush en materia económica era obvia aun durante la elección de 2000. Pero últimamente alcanzó niveles casi patológicos. La semana pasada, Bush —que se la vio difícil para conseguir que economistas prestigiosos respaldaran su plan económico— dijo contar con el apoyo de la última encuesta Blue Chip de economistas. "No sé a qué se refería," dijo, desconcertado, el autor de ese informe, que no mencionaba nada al respecto.
Los norteamericanos tal vez no se dan cuenta de hasta qué punto otras declaraciones igualmente infundadas, a los ojos de gran parte del mundo, desacreditaron la política exterior de la administración. Sean cuales fueren los méritos reales de atacar Irak, una y otra vez la administración Bush mencionó pruebas que resultaron engañosas o inútiles: "basura tras basura tras basura," según un funcionario de las Naciones Unidas.
A pesar de su caída en las encuestas, Bush no agotó del todo su reserva de confianza en este país. La gente todavía recuerda la imagen conmovedora del presidente de pie en medio de los escombros del World Trade Center, con el brazo sobre el hombro de un bombero, y nuestros medios, siempre deferentes y protectores, no hablaron mucho sobre las promesas incumplidas que vinieron después. Pero el resto del mundo simplemente no confía en Bush ni para cumplir sus promesas ni para decir la verdad.
¿Podemos llevar adelante una política exterior si no nos tienen confianza? La administración Bush, aparentemente, piensa que puede usar las amenazas como sustituto. El gobierno dijo que espera que los miembros indecisos del Consejo de Seguridad vuelvan en sí por miedo a estar del lado "equivocado". Y Bush tal vez logre que las Naciones Unidas acepte, a regañadientes, su guerra.
Pero aun si lo hace, no deberíamos engañarnos: cualquier credibilidad que podamos ganar al invadir Irak es una recompensa pequeña por la confianza que perdimos en todo el mundo.
Traducción de Claudia Martínez.
(c) The New York Times.
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